Volvimos a Canarias y a la Península después de nuestro largo viaje y con ello, el blog se quedó aparcado en Bora-Bora, un mes atrás. Ahora amigos y familiares nos preguntan por el viaje y algunos pretenden que contemos, como si en cinco minutos se pudiese resumir una experiencia de cinco meses… También hay quién nos hace todavía en Bora Bora, cuando en realidad la entrada la publicamos cuando hacíamos escala en los Emiratos Árabes…Y luego hay gente que ha seguido fielmente nuestro blog y que aun sabiendo que ya volvimos, espera el relato del siguiente capítulo. Como ya hemos hecho con otros viajes, no cortaremos el relato, sino que en las próximas semanas seguiremos viajando por los remotos mares del sur, añorándonos mientras seleccionamos las fotos y recordamos…
Contábamos en la última entrada alguna cosilla de la geología insular de las islas de la Sociedad. Deformación profesional: hace mucho que no escribimos, haremos un repaso-ampliación…
En la última clase…perdón, entrada, veíamos la teoría (comprobada) de Darwin sobre los arrecifes coralinos: islas volcánicas que, una vez cesan las erupciones, van hundiéndose lentamente en el océano mientras los corales crecen en su orilla. A mitad del proceso de hundimiento tenemos a Bora- Bora: unas montañas en el centro formando la isla principal; la rodea una laguna poco profunda de suelo arenoso que está protegida del océano exterior por una barrera de corales en continuo crecimiento…y destrucción; de cuando en cuando los temporales arrancan trozos del borde más externo y los acumula unas pocas decenas de metros más hacia el interior de la laguna, formando ‘motus’. Y así, durante millones de años de inactividad volcánica, el borde externo de la isla no cambia sustancialmente ni de tamaño ni de aspecto, con sus arrecifes y motus rodeando y protegiendo la laguna…pero un día, en el largo transcurso de los millones de años, la isla central termina de hundirse y desaparece bajo la arena y los corales. Algunas generaciones de tristes corales se agarran a las últimas cimas volcánicas que continúan hundiéndose; motus coralinos de pequeñas dimensiones quedan diseminados en el interior de la laguna; pero las condiciones para el crecimiento de los corales no son tan buenas allí, estos motus no crecen mucho, sino que acaban desapareciendo también. Sólo permanece el anillo de arrecifes y motus externos, rozando la eternidad. Bienvenidos a las Tuamotu, los fantasmas de las que fueron una vez grandes islas de miles de metros, hace muchísimo tiempo…
Estos fantasmas, los atolones coralinos, son una de las estructuras más fantásticas que se pueden ver desde el aire en nuestro planeta. Una finísima cinta de arena y cocoteros rodea una laguna de decenas de kilómetros de longitud, mucho más grande de lo que habíamos imaginado cuándo viendo mapas nos habíamos decidido por este archipiélago de la Polinesia Francesa.
En efecto, fueron los mapas los que nos condicionaron. En nuestra primera estancia en Tahití, en Junio, nos encontramos con varios posibles pases para combinar islas en avión a precios razonables. Polinesia Francesa está dividida en cinco archipiélagos o grupos de islas: Sociedad, Australes, Marquesas, Tuamotus y Gambier. Todas islas exotiquísimas y remotas... ¿cuáles elegir? Antes del viaje las Marquesas tenían muchos puntos, pero son islas volcánicas basálticas con grandes barrancos y montañas, sin corales que las protejan del océano, y por tanto con grandes acantilados costeros…en definitiva, y salvando las distancias, parecidas a las Canarias…también restaba puntos el precio del pase, motivo también para descartar las Gambier, excesivamente remotas…Y entre las Australes y las Tuamotu, las primeras, mirando planos, tenían un aspecto parecido a las islas de la Sociedad. Y allí teníamos esas islas-anillo con nombre de esos que has oído pero que no sabes situar en el mapa sino muy a ojo…
Así, un mes más tarde, a finales de julio, un vuelo de poco más de una hora nos llevaba de Bora-Bora a Fakarava, una de las islas más grandes de las Tuamotu, entendiéndose como grande el tamaño de la laguna que rodean los arrecifes…claro que una cosa es ver las islas desde el aire y otra diferente adoptar una perspectiva terrestre: aterricemos en Fakarava:
Bajar a tierra es un poco como naufragar en el fin del mundo. A tres o cuatro kilómetros del aeropuerto está Rotoava, la capital y única población de cierto tamaño, donde viven la mayoría de los 700 habitantes de Fakarava y donde está nuestra pensión:
Pension Vahitu Dream.
Nuestra terraza es la de la derecha. Dentro tenemos una gran habitación con decoración tropical. La mosquitera, aunque también quede pintoresca, no es para decorar…
Y sólo cruzando la carretera tenemos una terracita para ver los atardeceres:
O los tiburones que habitan la laguna…:
Para un primer contacto lo mejor es dar un paseo por el pueblo:
Calle principal
Niños jugando
Iglesia
Claro que el paseo no es muy largo. En un rato se hace todo lo largo de la carretera general, donde está una de las dos tiendas, la panadería, un centro de buceo, ningún bar, …
Si en vez de a lo largo se recorre el pueblo a lo ancho, se acaba aún más rápido, porque en cualquier punto de la isla basta caminar trescientos metros para pasar de la orilla de la laguna a la orilla que da al Pacífico:
El borde de la isla, el que mira a mar abierto, acentúa la sensación de naufragio: a todo lo largo de la costa, un continuo monótono de coral machacado y poca arena, los cocoteros y otros pocos arbustos mecidos por el viento constante del este, que arrastra olas, nubes y lluvias intermitentes; una estrecha franja de aguas poco profundas separa la playa del borde del arrecife y detrás se contempla el azul oscuro del océano, que sabemos inmenso, profundo y vacío…
Hay una única carretera asfaltada que comienza en el aeropuerto, pasa por el pueblo y continúa unos 16 km; Con viento en contra nos fuimos de cicloturismo…
En cuanto se sale del pueblo hay poca cosa: algunas pensiones aisladas, un hotel más aislado aún, y unas pocas granjas-tiendas de perlas, casi todas cerradas. Pudimos visitar una en ruta:
De repente, en medio de la nada, la carretera se acaba. Más allá no acaba la franja de isla, pero la pista se hace muy poco transitable. Se ve que la subvención que trajo Mitterrand en una visita (¿cosa de las pruebas nucleares de Mururoa?) no dio para más. También es verdad que con 20 km desde el aeropuerto, debemos estar ante una de las carreteras más largas de todas las Tuamotu…y total para dos coches al día…
Llegados al final, fuimos a comprobar si la costa cambiaba mucho…pues no, afuera los corales machacados, el viento, el océano…
Por dentro tampoco había mucha novedad, aunque encontramos un fondo bonito para echarnos un baño…
En tamaño, estamos en la segunda isla más grande de las Tuamotu; los arrecifes rodean una laguna rectangular de 20 km de ancho y unos 70km de largo. La altura máxima de la isla no debe llegar a los 10 metros sobre el nivel del mar, siendo optimistas (hay algún faro, pero no se puede subir y por tanto no cuenta).Las distancias dentro de la laguna son tan grandes y la elevación tan pequeña, que es imposible ver el otro extremo de la laguna en ningún punto de la isla: la curvatura de la Tierra es suficiente para hundir los cocoteros de la otra banda de la isla tras el horizonte…Mirando a un lado y otro de la orilla se ve perderse la isla a lo lejos, pero la laguna sólo se distingue del mar abierto porque el agua está más tranquila.
Si del pueblo se va al aeropuerto, la carretera se transforma también en pista de tierra más allá de la terminal, pero se puede continuar, porque aquí está en mejor estado. Por este lado, pasados unos 5 km se acaba no la pista, sino la isla: estamos ante el ‘Garuae Pass’, el paso más ancho de toda la Polinesia francesa. Los pasos son brechas naturales abiertas en el arrecife que comunican la laguna con el océano. Por efecto de las mareas, continuamente está circulando agua y vida marina, con lo que son lugares muy populares para el buceo, por la alta densidad de peces. Aunque la foto siguiente la hicimos cuando fuimos en bici, varios días antes habíamos estado en zodiak, para Marián bucear con sus gafas y tubo, y Dani hacer dos inmersiones con botella, la primera junto al borde del arrecife, contemplando tortugas, peces napoleón, y un montón de tiburones, la segunda, una inmersión con corriente. Te lanzan en mitad del océano, fuera de la isla, en un lugar donde no ves el fondo, sino el ‘grand bleu’, donde bajas a lo desconocido…todo azul oscuro…la corriente te arrastra poco a poco hacia la isla. Al cabo de un buen rato comienzas a vislumbrar el arrecife, a 30 metros de profundidad. Ahora hay que bajar y engancharse a los corales: te agarras y te quedas mirando hacia afuera, hacia el gran azul. La corriente te pega como si fuese la brisa en el borde de un acantilado pero en vez de gaviotas lo que vuela enfrente son tiburones de metro y medio al acecho de pescaditos imprudentes…luego te sueltas y la corriente te arrastra a toda velocidad, pero cuidado, si te separas mucho de las rocas la corriente es más rápida aun y te alejaría de tus compañeros y el monitor…peces de todos los tamaños y colores pasan a tu alrededor. La corriente sólo afloja en pequeñas hondonadas ya dentro de la laguna, donde te pegas al fondo a contemplar nubes de peces…¡fantástico!
Como de los buceos no hay fotos, ponemos una del paso desde tierra:
Paseando por los alrededores del paso, nos encontramos con algunos rincones bonitos de Fakarava:
Pero el fuerte viento del este mueve incluso el mar de la laguna, y nubes grises anuncian otro chubasco…
En Fakarava estuvimos seis días, como de costumbre, bastante más de lo que la gente suele ir. Y la verdad es que la isla no ofrece gran cosa para hacer. No hay bares, sí algún restaurante, pero abre sólo cuando le da por ello al dueño, que no es con mucha frecuencia; hay dos tiendas de comestibles y una panadería. No hay cajero automático ni bancos, y sólo se puede pagar con tarjeta en el centro de buceo. Nosotros habíamos conseguido sacar dinero en Bora-Bora, pero no todo el que esperábamos, así que nos encontramos haciendo cálculos en las Tuamotu. Internet, sólo en la oficina de correos, pero va tan lento que mejor que no tuvieran… Una vez has hecho los dos buceos en Garuae, queda la opción de ir a otro paso en el otro extremo de la isla, con fama de ser de los más bonitos del archipiélago; pero está a dos horas de distancia, con lo que es caro ir. De hecho, hay tan poco movimiento de gente actualmente, que en la práctica nadie te lleva…
Y como tu trozo de isla tampoco es muy variado, lo que nos queda es mucho tiempo para la tertulia y para la vida contemplativa, cosas a las que nos dedicamos a partes iguales. No es lugar Fakarava para encontrar mochileros veinteañeros o turistas de resort (el que hay está lejos del pueblo). Demasiado caro para los primeros y fuera de las rutas de los segundos, con lo que uno se encuentra con viajeros más peculiares de lo habitual. Conocimos a una chica que viaja sola en una vuelta al mundo de diez meses, un señor que desde su jubilación navega alrededor del mundo y que ha visitado la Antártida en velero y otro que vino a rodar el eclipse total de sol para una cadena francesa en el remotísimo e inaccesible atolón de Hikueru…En cuanto a la vida contemplativa… lo reconocemos, nos hemos permitido el lujo de incluso aburrirnos en el otro lado del planeta. Y todavía nos quedan dos atolones…
¡Hasta pronto!
Para combatir el aburrimiento:
Buena, muy buena comida:
Cortarse el pelo y evitar que se te queme la calva…
miércoles, 8 de septiembre de 2010
domingo, 22 de agosto de 2010
Bora Bora
Si hay un sitio mítico en la Polinesia Francesa, ese es Bora Bora. Y por supuesto, no nos íbamos a quedar sin pasar por allí, por mucho que nos advirtieran de que era ‘superturística’ y ‘supercara’. De todas formas, ya nos ha pasado más de una vez que los sitios que nos pintan como masificados, resultan no estarlo tanto, y Bora Bora no ha resultado ser una excepción. Cosas de conocer el Mediterráneo y Canarias…¿Cara? Pues no más que el resto de la polinesia, a no ser que uno vaya de cabañita de lujo, que entonces sí que lo es absurdamente.
Nosotros llegamos allí, como casi todo el mundo, vía avión. El aeropuerto está situado sobre un ‘motu’, con lo que lo primero que uno hace al bajar a tierra, es subirse a un barco y hacer una mini excursión por la laguna, bien en las lanchas de los resorts, o como nosotros, en el miniferry que te lleva a la capital de la isla:
Bora Bora es el prototipo de isla montañosa rodeada de arrecifes de coral, y las montañas en ella son realmente imponentes:
El ferry atraca en la capital de la isla, que no tiene desde luego la pinta de un Benidorm…
Si descontamos los días de llegada, de salida, y los tres días de Maupiti, en Bora Bora estuvimos tres días completos, que dieron para mucho. El primero de ellos, antes de saltar a Maupiti, lo dedicamos a dar nuestra clásica vuelta a la isla, aquí en bici. El circuito es de 32 km, y les pondremos algunas fotos. La primera es en la costa SW. ¿Grandes hoteles, centros comerciales, discotecas…? Nada de ello. Una carretera con casas a los lados, una pequeña aldea de pescadores, y dos turistas; nosotros.
En varios puntos de la isla, se pueden ver restos de la Segunda Guerra Mundial. Después de Pearl Harbour, los americanos, con permiso de Francia, convirtieron la isla en un lugar estratégico, construyendo la pista de aterrizaje que ahora es el aeropuerto, trayendo a 6000 soldados y colocando cañones:
No subimos al pico más alto; como la mayoría de las montañas de Polinesia, es bastante inaccesible. Pero en el norte de la isla hay una pista en estado lamentable y sin señalizar que lleva a un ‘belvedére’. Algunas excursiones suben en 4x4, nosotros, a pié. Y el esfuerzo se premia con vistas magníficas:
Grandes montañas volcánicas y costas sin acantilados, rodeadas por lagunas poco profundas y un anillo externo de arrecifes y motus que por el lado de fuera bajan hacia profundidades insondables ¿por qué? Darwin dio en el clavo con su teoría sobre la formación de arrecifes de coral alrededor de islas: la mayoría de las islas del Pacífico se están hundiendo lenta, pero inexorablemente. Y a medida que el conjunto de la isla se va hundiendo, también muy lentamente colonias de millones de animalillos van cubriendo las aguas poco profundas de la orilla con sus esqueletos de carbonatos cementados, formando los corales. Cuanto más se hunde la isla, más pequeña se va haciendo ésta. El borde de coral, sin embargo, continúa con su primitiva extensión, porque encima de antiguos corales que se hunden con el conjunto insular, vuelven a crecer nuevas colonias. De este modo, el borde del arrecife externo marca de manera aproximada hasta donde llegó a extenderse la isla originalmente. Y entre el arrecife externo y la isla se acumulan los restos desmenuzados en forma de arena de corales, caparazones y conchas. Y el efecto de arena blanca en fondos poco profundos con agua transparente produce las lagunas de color turquesa de las postales polinésicas…
La siguiente foto nos muestra un poco como va esto del turismo en Bora Bora. A la izquierda se ven los bungalows de un hotel de lujo en un motu. Hay que reconocer que aquí los hoteles no tienen el impacto visual de nuestras tierras, ya que la mayoría tienen una estética que encaja mucho en el paisaje. En cambio a la derecha está la población polinesia que vive bastante desconectada de los grandes hoteles. Los hoteles de los motus tienen toda clase de comodidades, pero si un raro turista se aventura en la isla, se encuentra primero con que el hotel le sabla por trasladarlo a tierra firme, y una vez desembarcado, resulta que no hay transporte público para moverse (y eso que sólo hay una carretera que rodea la isla, bastaría una sola línea), sólo hay un par de cajeros en la capital, que además sólo dejan sacar de 40000 en 40000 francos (unos 35 euros, que dan para poco), no te aceptan tarjeta de crédito porque las líneas no funcionan muy allá (hemos estado un mes sin publicar porque internet va de pena…)De modo que el raro turista se vuelve a su hotel y dice a sus vecinos que no vale la pena ir a la isla, que no tiene nada y es pobre, con lo que en la isla cada vez ven menos turistas y menos dinero de éstos…
Actualmente esta isla, como todas las de la Sociedad, atraviesan una larga crisis. Décadas de turismo de lujo y funcionarios enviados desde Francia con sueldos duplicados han hecho que los precios sean altos incluso para bolsillos europeos. Si no pueden competir en precios, menos en calidad, porque el archipiélago es tan remoto y poco poblado, que el personal de los hoteles ni abunda ni tiene una formación acorde a 5 estrellas y 800 euros la noche. Así que no es raro que muchos grandes resorts, también alguno de Bora Bora, hayan cerrado (lo llaman reforma, pero en uno que hemos visto lo único que hay es un segurita para que no se cuelen ocupas…desde hace dos años). Esto tampoco parece preocupar demasiado a la población local, que tampoco ve el turismo de resort como nada útil para ellos. Algo más preocupa la caótica situación política, con cambios de gobierno cada medio año por transfuguismos constantes, que dejan a medias cualquier proyecto…
Pero volvamos a nuestro viaje. Si la vuelta a la isla se puede obviar por ser parecida o incluso menos atractiva que en otras, lo que uno no puede hacer es irse de Bora Bora sin hacer un tour por su fantástica laguna. Nosotros reservamos para el día siguiente a nuestro regreso desde Maupiti.
Ver el color de las aguas desde el barquito mientras el patrón toca un ukelele y canta canciones polinesias puede parecer una turistada, pero es una gozada…vean, vean:
La comida está espectacular…
¡qué color el del mar!
Y cuando te lanzan dentro de él, hay peces de todos los colores y además barracudas:
chuchos:
fragatas y charranes nos sobrevuelan:
Y debajo nos rodean los tiburones…
¡muchos tiburones!:
Después de un día de emociones fuertes, no es raro que el último lo pasáramos de relax en nuestra pensioneta, a la orilla de la playa…
Aunque Dani tuvo tiempo de ir a explorar un Motu desértico al sur de la isla…
Caro, turístico y decadente…quizá un poco de todo, pero hay que reconocer que estamos en un lugar único…
Y en nuestro próximo capítulo daremos una vuelta de tuerca al hundimiento de islas e iremos a las Tuamotu…
Nosotros llegamos allí, como casi todo el mundo, vía avión. El aeropuerto está situado sobre un ‘motu’, con lo que lo primero que uno hace al bajar a tierra, es subirse a un barco y hacer una mini excursión por la laguna, bien en las lanchas de los resorts, o como nosotros, en el miniferry que te lleva a la capital de la isla:
Bora Bora es el prototipo de isla montañosa rodeada de arrecifes de coral, y las montañas en ella son realmente imponentes:
El ferry atraca en la capital de la isla, que no tiene desde luego la pinta de un Benidorm…
Si descontamos los días de llegada, de salida, y los tres días de Maupiti, en Bora Bora estuvimos tres días completos, que dieron para mucho. El primero de ellos, antes de saltar a Maupiti, lo dedicamos a dar nuestra clásica vuelta a la isla, aquí en bici. El circuito es de 32 km, y les pondremos algunas fotos. La primera es en la costa SW. ¿Grandes hoteles, centros comerciales, discotecas…? Nada de ello. Una carretera con casas a los lados, una pequeña aldea de pescadores, y dos turistas; nosotros.
En varios puntos de la isla, se pueden ver restos de la Segunda Guerra Mundial. Después de Pearl Harbour, los americanos, con permiso de Francia, convirtieron la isla en un lugar estratégico, construyendo la pista de aterrizaje que ahora es el aeropuerto, trayendo a 6000 soldados y colocando cañones:
No subimos al pico más alto; como la mayoría de las montañas de Polinesia, es bastante inaccesible. Pero en el norte de la isla hay una pista en estado lamentable y sin señalizar que lleva a un ‘belvedére’. Algunas excursiones suben en 4x4, nosotros, a pié. Y el esfuerzo se premia con vistas magníficas:
Grandes montañas volcánicas y costas sin acantilados, rodeadas por lagunas poco profundas y un anillo externo de arrecifes y motus que por el lado de fuera bajan hacia profundidades insondables ¿por qué? Darwin dio en el clavo con su teoría sobre la formación de arrecifes de coral alrededor de islas: la mayoría de las islas del Pacífico se están hundiendo lenta, pero inexorablemente. Y a medida que el conjunto de la isla se va hundiendo, también muy lentamente colonias de millones de animalillos van cubriendo las aguas poco profundas de la orilla con sus esqueletos de carbonatos cementados, formando los corales. Cuanto más se hunde la isla, más pequeña se va haciendo ésta. El borde de coral, sin embargo, continúa con su primitiva extensión, porque encima de antiguos corales que se hunden con el conjunto insular, vuelven a crecer nuevas colonias. De este modo, el borde del arrecife externo marca de manera aproximada hasta donde llegó a extenderse la isla originalmente. Y entre el arrecife externo y la isla se acumulan los restos desmenuzados en forma de arena de corales, caparazones y conchas. Y el efecto de arena blanca en fondos poco profundos con agua transparente produce las lagunas de color turquesa de las postales polinésicas…
La siguiente foto nos muestra un poco como va esto del turismo en Bora Bora. A la izquierda se ven los bungalows de un hotel de lujo en un motu. Hay que reconocer que aquí los hoteles no tienen el impacto visual de nuestras tierras, ya que la mayoría tienen una estética que encaja mucho en el paisaje. En cambio a la derecha está la población polinesia que vive bastante desconectada de los grandes hoteles. Los hoteles de los motus tienen toda clase de comodidades, pero si un raro turista se aventura en la isla, se encuentra primero con que el hotel le sabla por trasladarlo a tierra firme, y una vez desembarcado, resulta que no hay transporte público para moverse (y eso que sólo hay una carretera que rodea la isla, bastaría una sola línea), sólo hay un par de cajeros en la capital, que además sólo dejan sacar de 40000 en 40000 francos (unos 35 euros, que dan para poco), no te aceptan tarjeta de crédito porque las líneas no funcionan muy allá (hemos estado un mes sin publicar porque internet va de pena…)De modo que el raro turista se vuelve a su hotel y dice a sus vecinos que no vale la pena ir a la isla, que no tiene nada y es pobre, con lo que en la isla cada vez ven menos turistas y menos dinero de éstos…
Actualmente esta isla, como todas las de la Sociedad, atraviesan una larga crisis. Décadas de turismo de lujo y funcionarios enviados desde Francia con sueldos duplicados han hecho que los precios sean altos incluso para bolsillos europeos. Si no pueden competir en precios, menos en calidad, porque el archipiélago es tan remoto y poco poblado, que el personal de los hoteles ni abunda ni tiene una formación acorde a 5 estrellas y 800 euros la noche. Así que no es raro que muchos grandes resorts, también alguno de Bora Bora, hayan cerrado (lo llaman reforma, pero en uno que hemos visto lo único que hay es un segurita para que no se cuelen ocupas…desde hace dos años). Esto tampoco parece preocupar demasiado a la población local, que tampoco ve el turismo de resort como nada útil para ellos. Algo más preocupa la caótica situación política, con cambios de gobierno cada medio año por transfuguismos constantes, que dejan a medias cualquier proyecto…
Pero volvamos a nuestro viaje. Si la vuelta a la isla se puede obviar por ser parecida o incluso menos atractiva que en otras, lo que uno no puede hacer es irse de Bora Bora sin hacer un tour por su fantástica laguna. Nosotros reservamos para el día siguiente a nuestro regreso desde Maupiti.
Ver el color de las aguas desde el barquito mientras el patrón toca un ukelele y canta canciones polinesias puede parecer una turistada, pero es una gozada…vean, vean:
La comida está espectacular…
¡qué color el del mar!
Y cuando te lanzan dentro de él, hay peces de todos los colores y además barracudas:
chuchos:
fragatas y charranes nos sobrevuelan:
| Actualización 2016: Fregata minor + Thalasseus bergii |
Y debajo nos rodean los tiburones…
Después de un día de emociones fuertes, no es raro que el último lo pasáramos de relax en nuestra pensioneta, a la orilla de la playa…
Aunque Dani tuvo tiempo de ir a explorar un Motu desértico al sur de la isla…
Caro, turístico y decadente…quizá un poco de todo, pero hay que reconocer que estamos en un lugar único…
Y en nuestro próximo capítulo daremos una vuelta de tuerca al hundimiento de islas e iremos a las Tuamotu…
lunes, 16 de agosto de 2010
Maupiti. La isla donde hasta las nubes son verdes.
Nuestro siguiente vuelo nos llevó de Huahine a la famosa Bora Bora. Pero para dar más unidad a las entradas hablaremos de ella en la próxima. De momento saltaremos a la siguiente escala, la minúscula islita de Maupiti.
Un barquito, el ‘ Maupiti express 2’, te lleva allí en hora y media, que finalmente son dos horas largas, desde Bora Bora. En el barco nos acompañaban Aroa y Alberto, una pareja española que están dando la vuelta al mundo bastante más rápido que Willy Fog… de Maupiti volvían por la tarde. Un saludo para ellos, que sabemos que nos leerán!!
La única entrada por mar a la isla es un estrecho paso entre los arrecifes por el que el barco prácticamente hace surf…
La isla es minúscula, algo así como del tamaño de Alegranza. La carretera que bordea por la costa apenas tiene unos 8 km. El puerto es un simple desembarcadero debajo de unos riscos basálticos que recuerdan al norte de Tenerife.
Pero nosotros no nos quedamos en la ‘isla’; del muelle nos llevaron en coche a comprar víveres, luego nos dejaron en una playa, y de allí nos trasladaron en un bote a un ‘motu’, un islote formado por acumulación de corales encima de los arrecifes que bordean a la isla principal…prometemos explicación geológica sobre estos anillos de arrecifes, pero en otra entrada. De momento decir que el motu es un lugar idílico, aunque el camping en el que nos quedamos por dos noches era básico, básico…
El fregadero…
La cocina…y la nube de mosquitos no se vé:
Suerte que en la playa sopla la brisa y no llegan los mosquitos de la cocina…¡y que playa!
Rodeando por a la orilla hacia el sur, la cosa no empeora:
Cuando se rodea lo suficiente uno queda frente al Océano Pacífico, separado del mar abierto sólo por una estrecha laguna. En nuestro motu, los temporales han acumulado corales machacados en una playa de 50-100 m de ancho donde no hay ni un triste matojo para ponerse a la sombrita…
…claro que siempre queda la opción de darse un chapuzón:
Los motus suelen estar cubiertos de cocoteros, muchos cultivados para la extracción de copra, la carne seca del coco que se utiliza para extraer posteriormente, al estrujarla, aceite de coco. En la foto, un secadero, con techo corredizo para proteger de la lluvia.
Nuestro segundo día lo dedicamos a explorar la isla central, trasladándonos a ella en kayak. Las dimensiones de Maupiti son tan pequeñas, que esta vez dimos la vuelta completa a pie. Comenzamos por la costa sur, la más fresquita por tener algo más de sombra.
Doblada la punta del muelle, en el sur, se recorre la costa este, dominada por unas paredes donde los apilamientos de coladas basálticas, y por tanto el parecido con Canarias, son evidentes:
A medio camino, emprendimos el ascenso a las cimas insulares. Debajo dejamos la capital de la isla:
El sendero asciende por una cresta que cubren guayaberos, mangos y árboles tropicales.
En una hora se alcanza un pico con la vista más bonita que hemos disfrutado en la Polinesia: el anillo de corales que rodea Maupiti, visto desde 380 m de altura. Por cierto, nos llegaron a decir que hacía falta guía para seguir el camino…nada de nada, el camino se ve bien y no tiene sino algún pequeño paso algo expuesto, pero sin dificultad
En la siguiente foto se ve, entre los dos motus, el paso estrecho para acceder a Maupiti:
Nuestro camping está en el motu que hay arriba a la derecha:
De nuevo en la costa, volvimos a internarnos en la selva algo más al norte:
Nuestro objetivo, encontrar unos petroglifos polinesios que representan tortugas, y aunque costó un poco, los encontramos:
Acabamos la vuelta a la isla y por la tarde volvimos en kayak a nuestro motu. Y entonces descubrimos que las nubes, además de blancas o rosadas, también pueden ser verdes:
Quizá no se note mucho en las fotos, pero in situ el color era de lo más curioso. El color debe deberse a la intensidad luminosa de la laguna color turquesa, que ilumina la nube por debajo. De hecho, hemos leído que los navegantes polinesios se guiaban en el mar por múltiples pistas, que iban desde el conocimiento de las diferentes especies de aves marinas y las distancias a las que se alejan de tierra, a cosas tan sutiles como la forma y dirección de las olas en alta mar, de las cuáles podían deducir si eran rebotes en la costa de un arrecife no visible aun, o el color y tipo de nubes, que permitía detectar un atolón bastante antes de que cualquier cocotero asomara en el horizonte, o islas sólo por la forma que adquirían las nubes después de haber pasado sobre ellas…grandes navegantes los polinesios.
Nuestra última mañana la dedicamos a pasear por la costa, admirando las aguas transparentes, y su reflejo verdoso en la panza de las nubes:
Dani aprovechó también para fotografiar aves marinas, como este magnífico ‘piquero’
| Actualización 2016. Sula leucogaster |
A la tarde, nos despedimos de Maupiti con pena. Los remolinos, y la dirección del viento y olas en el paso nos indicaban, a pesar de que no somos navegantes polinesios, que el viaje de vuelta a Bora Bora iba a tener movimiento…
En efecto, dos horas y media combinación ‘barco pirata – montaña rusa’ nos esperaban por delante…en frente, la vista fija en la silueta de Bora Bora ayudó a que no nos mareáramos… ¡por los pelos!
Bora Bora…en la próxima entrada.
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